desesperado por el calor y asfixiado por sus afanes
con su rostro al piso y su mirada al infinito
contemplaba sus manos cansadas y sus bolsillos vacíos
bajo la sombra de aquel techo que aunque ajeno
era lo único que lo cubría para no morir de frío.
A su izquierda una guitarra, con el polvo aún tan fresco
con la ultima melodía en su recuerdo
a su espalda un gran cuaderno
lleno de hojas blancas y blancos sueños
quién fuera pluma para plasmar esos sueños
quién fuera música para cantarlos
quién fuera eterno para vivirlos
quién fuera sabio para entenderlos
Quién es él para no cumplirlos
si no son estos sus propios sueños?
nadie puede despreciar un sueño
aunque parezca muy pequeño
Quien le hizo soñador
le puso en el corazón
las armas y el valor
para cantar esa canción.
