Infancia artesonada de alabastro
Tus infladas abluciones detenían el aliento
Tu apariencia engaña
Tus infladas abluciones detenían el aliento
Tu apariencia engaña
Sutileza enmascarada, no es tu culpa.
Te engañaron los que al viento te lanzaban
La promiscua maldición de sus haberes
No fue gentileza, fue vileza
Invertir en tus deleites
Deformando tus verdaderos deseos.
Te inflamaste cual burbuja
Adormecida por la anestesia de un placer
Que constriñe hasta la tierra que pisas
Qué infame pero qué presta!
A los servicios del orgullo y de la vanagloria.
¿Quién eres? ¿Te has mirado? No lo hagas,
Para ti la muerte es cuestión de suerte
No es tu culpa, de la inocua suerte.
No es tu culpa, de la inocua suerte.
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